WOW: Ordenación de las mujeres en el mundo
Prima Conferencia Internacional

Llegó el momento:
Celebración de la llamada de las mujeres a un sacerdocio renovado dentro de la Iglesia Católica

Wow 2001 Dublin: Algunas reflexiones personales a modo de apreciación.

Soline Vatinel. 30 Julio 2001

Ha pasado un mes desde que la Conferencia tuvo lugar. Lo que en mi ha quedado es un último sentimiento de alegría y gratitud, porque hemos sido profundamente bendecidos. Dije en la clausura del evento que, como organizadores, aquella había excedido nuestros sueños más locos y todavía lo creo. Eso es porque la conferencia fue pensada para ser una celebración y realmente lo fue: ¡cuántas caras felices muestran las fotos!

Muchos, antes de la conferencia, nos preguntábamos qué había para celebrar. La experiencia de las mujeres que se habían sentido llamadas al sacerdocio fue siempre tan penosa... El clima de la iglesia fue siempre tan hostil y el rechazo tan tajante que muchas habían perdido la esperanza. ¿Cómo podíamos entonces celebrar la llamada de las mujeres a una renovada vocación sacerdotal? ¿No habría sido más apropiada la melancolía? ¿No era el encuentro una pérdida de tiempo, otro fútil ejercicio para desahogar pena y enojo? Solo habría llevado a mayores frustraciones, etc., etc. Y amargura, enojo y personas rechazadas no son muy alegres para acercárseles, a decir verdad!...

Tal vez el real desafío estuvo contenido en esa invitación a celebrar. Recientemente un periodista, reflexionando sobre la conferencia y sus repercusiones, me dijo: "¡Han comenzado una Revolución en la Iglesia!". El tiempo lo dirá, pero lo que es cierto es que realmente hay que celebrar una actividad revolucionaria. Surge de la Alegría del Cristo Resucitado, una Alegría que nada ni nadie podrá quitarnos. Un signo de que el amor es más fuerte que la muerte.

Me gustaría relatar ciertos comentarios que me hicieron algunos de los participantes y que considero significativos.

Una mujer, una religiosa que es capellán de hospital y que tiene vocación sacerdotal, mandó un precioso ramo de flores para agradecernos por la organización de la conferencia. Explicó lo que había significado para ella: "Cuando llegué el viernes, temía que alguien pudiera verme acá. El domingo ya no importaba, ya no temía".

Otra mujer dijo: " hubo una reunión convocada para todas las mujeres que tienen vocación sacerdotal y que quieren hacerlo público.. Lo insólito es que cuando llegué allí encontré que la habitación había resultado pequeña para la cantidad de gente de tantos países!". Y otra, una abuela irlandesa de más de setenta años mandó una tarjeta de agradecimiento con las palabras. "Creo que cada mujer dejó la conferencia con la cabeza alta".

Creo que el gran regalo de la conferencia es que fue barrido el miedo. El miedo, como a menudo nos lo recuerda Jesús en el Evangelio, es el enemigo del amor. Desgraciadamente el miedo ha dominado a nuestra Iglesia así como la coerción y el castigo fueron la regla. En la conferencia, el coraje brilló; estoy pensando especialmente en el coraje de sor Joan Chittister, su priora y hermanas, y también sor Myra Poole, que habrían sido severamente castigadas si hubieran sido descubiertas. Pero también el coraje de muchas otras, menos públicas pero no por ello menos reales. Ya no más víctimas de la injusticia y la exclusión, encontramos nuestra fortaleza y dignidad.

El silencio fue roto, el mortal silencio nacido del miedo. " lo que han escuchado en lo profundo de su corazón, proclámenlo desde los tejados" Una voz le fue dada al llamado sacerdotal de mujeres, en realidad muchas voces, en muchas lenguas...

Y ha barrido la vergüenza y el estigma: por demasiado tiempo mujeres con vocación sacerdotal tuvieron que ocultarla, que llevarla como una culpa secreta. ¡Ahora puede ser mostrada, afirmada como un don divino y regocijarse por ello!

Venir desde los cuatro puntos cardinales también rompió la sensación de aislamiento, y el desamparo que conlleva. Mujeres llamadas al sacerdocio tuvieron que sentir por tanto tiempo que eran las únicas, que no tenían apoyo, que tenían un problema individual... En la conferencia todo esto fue reemplazado por un maravilloso sentimiento de solidaridad: solidaridad entre mujeres, pero tambien una real solidaridad entre cristianos de diferentes denominaciones y entre hombres y mujeres. Para mí la conferencia fue una maravillosa experiencia de ser iglesia, de ser el Cuerpo de Cristo. Y había una sensación que si antes habíamos experimentado toda la pena de la crucifixión, ahora estábamos gozando la nueva vida de la Resurrección.

Los frutos de esta nueva vida eran esperanza y energía, el DINAMISMO del Espíritu: este surge recurrentemente de todos los mensajes que recibimos desde la conferencia. ¡Tantos participantes regresaron con los corazones renovados de las jornadas pasadas, reafirmados y llenos de valor! Las resoluciones proactivas decididas durante la conferencia ya están siendo implementadas. Las buenas nuevas de la conferencia se derraman lejos y ampliamente, llevando la esperanza de que el cambio es posible. De hecho ese cambio YA se está llevando a cabo.

AHORA ES EL MOMENTO era el lema de la conferencia. La ardiente plegaria y la perspicaz lectura de los signos de los tiempos nos revelaron que justamente ahora es el Kairos, el tiempo indicado. Hemos sido llamados por el Cristo Resucitado para atesorar fe, esperanza y amor. Fuimos abundantemente premiados con la presencia de nuestro siempre fiel Dios. Y nuestra melancolía se convirtió en danza... MAGNIFICAT!

Mientras estuve reflexionando y orando desde la conferencia, dos imágenes vinieron a mí para probar y comprender el significado de lo que habíamos experimentado. Una es que es un Nacimiento. Esta imagen me vino fuertemente al cierre de la conferencia y tuvo eco en otro miembro del comité. Luego de un embarazo milagroso, varias amenazas de aborto y penosa labor de parto habíamos dado a luz una nueva vida!. Y luego otra imagen vino fuertemente a mí: la de Pentecostés. La presencia del Espíritu era tan tangible en la conferencia que no dejó un temor reverencial. Nosotros, los que habíamos organizado la conferencia, no la habíamos hecho ocurrir. Todo nuestro trabajo era nada comparado con el regalo que recibíamos.

¿Estará naciendo una Nueva Iglesia? Deo Gratias.


Last updated 9-Sep-2001
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